Día de Nuestra Señora de las Mercedes: una devoción que atraviesa la historia y la identidad dominicana
La tradición dominicana reconoce a Nuestra Señora de Las Mercedes como patrona del pueblo dominicano

La Vega.– Antes de que las carreteras comenzaran a llenarse de vehículos rumbo al Cibao, ya los caminos del país eran recorridos por hombres y mujeres que emprendían largas jornadas movidos por una promesa. Algunos llegan caminando, otros de rodillas o descalzos; llevan velas, flores, oraciones y peticiones. El destino es el mismo: el Santo Cerro de La Vega, corazón de una tradición religiosa que forma parte de la memoria dominicana.
Cada 24 de septiembre, la celebración de Nuestra Señora de Las Mercedes convierte este lugar en uno de los principales puntos de peregrinación religiosa de República Dominicana. Miles de devotos acuden al Santuario Nacional para participar en las eucaristías y renovar promesas ante una advocación mariana que, junto con la Virgen de la Altagracia, ocupa un lugar central en la religiosidad del pueblo dominicano.
Pero la historia de Las Mercedes en territorio dominicano no comienza en la República moderna. Sus raíces se hunden en los primeros años de la colonización y están vinculadas a la tradición que rodea al Santo Cerro.
Una historia que comenzó hace más de cinco siglos
La tradición católica sitúa uno de los episodios fundamentales en marzo de 1495, cuando Cristóbal Colón y sus hombres se enfrentaron con fuerzas indígenas en las proximidades de La Vega.
Según la tradición recogida por fuentes religiosas, los españoles levantaron una cruz en la cima de una elevación. Durante el enfrentamiento, la cruz habría permanecido en pie pese a los intentos de destruirla. El fraile mercedario Juan Infante, quien acompañaba a Colón y llevaba consigo una imagen de Nuestra Señora de Las Mercedes, exhortó a los españoles a continuar la lucha bajo su protección. Tras la victoria, la tradición vinculó aquel lugar con la devoción a la Virgen y posteriormente se levantó allí un santuario.

Más allá de la dimensión religiosa de este relato, el episodio quedó incorporado a la memoria histórica dominicana y convirtió al Santo Cerro en uno de los espacios de mayor simbolismo espiritual del país.
Es allí donde, generación tras generación, los dominicanos han construido una relación particular con la Virgen de Las Mercedes.
De la tradición colonial a la República
La devoción mariana sobrevivió al paso de los siglos y encontró un nuevo significado después de la Independencia Nacional.
La tradición dominicana reconoce a Nuestra Señora de Las Mercedes como patrona del pueblo dominicano, una condición que consolidó su presencia dentro de la vida religiosa nacional durante el período republicano.
Así, la celebración del 24 de septiembre fue adquiriendo una dimensión que supera el calendario litúrgico. Para miles de dominicanos, es también una fecha para regresar a sus raíces familiares, cumplir promesas, agradecer favores recibidos y pedir protección para sus hogares.
El Santo Cerro se convierte entonces en punto de encuentro entre la historia y la fe.
Una peregrinación que no conoce generaciones
Al amanecer, el paisaje cambia.
Por los caminos que conducen al santuario aparecen familias completas, adultos mayores, jóvenes y niños. Algunos llevan imágenes de la Virgen; otros avanzan en silencio, concentrados en sus oraciones.
Hay quienes llegan para agradecer la recuperación de un familiar. Otros cumplen una promesa hecha años atrás. Algunos piden por sus hijos, por su matrimonio, por un empleo o por la salud de sus seres queridos.
Para otros, simplemente se trata de mantener una tradición familiar.
Es una de las particularidades de esta celebración: la devoción no se limita a una generación. Los abuelos llevan a sus hijos y estos, a su vez, incorporan a los más jóvenes a una costumbre que ha sobrevivido durante siglos.
La celebración también trasciende las paredes del templo. Caminatas, procesiones, cantos y actividades religiosas ocupan los espacios alrededor del santuario, convirtiendo al Santo Cerro en un escenario de manifestación colectiva de fe.
Las Mercedes más allá de La Vega

Aunque el Santo Cerro representa el principal punto de referencia nacional de esta devoción, la Virgen de Las Mercedes tiene presencia en distintas comunidades dominicanas.
Constanza, Hato Mayor, Cabrera, Imbert, Sabana Grande de Palenque y Pimentel, entre otras localidades, reconocen a la Virgen como patrona y celebran sus propias actividades religiosas.
También en Santo Domingo permanece la histórica iglesia de Nuestra Señora de Las Mercedes, ubicada en la Ciudad Colonial, otro espacio que conecta la devoción mariana con el patrimonio arquitectónico e histórico del país.
De esta manera, la celebración se extiende desde los pequeños pueblos hasta los centros urbanos, con distintas expresiones de una misma tradición.
El significado de “Mercedes”
La palabra “Mercedes” está asociada con conceptos como misericordia, gracia, favor y dádiva.
Dentro de la tradición católica, la Virgen de Las Mercedes representa precisamente esa dimensión de misericordia e intercesión. Su advocación está vinculada a la Orden de la Merced, fundada en el siglo XIII con el propósito de atender y liberar a cristianos cautivos.
Con el paso del tiempo, esa idea de liberación adquirió nuevas interpretaciones religiosas. En la actualidad, la propia Iglesia ha utilizado la festividad para llamar a los creyentes a reconocer las distintas formas de esclavitud que persisten en la sociedad y a actuar desde la compasión y la solidaridad.
Una tradición que también cambió con el país
La celebración de Las Mercedes ha acompañado buena parte de la historia dominicana.
Ha visto cambiar los caminos, los pueblos y las ciudades. Ha pasado de las peregrinaciones de comunidades rurales a caravanas de vehículos y autobuses; de las velas encendidas en pequeños altares familiares a grandes concentraciones alrededor del santuario.
Pero hay algo que permanece: la promesa.
En el Santo Cerro, la historia nacional se encuentra con la experiencia íntima de miles de personas que llegan cada año con una petición o un agradecimiento.
La devoción también convive con una sociedad cada vez más diversa. Jóvenes que quizá no participan regularmente de la vida religiosa se integran a las caminatas, acompañan a sus familiares o se acercan a los espacios de celebración. La festividad, de ese modo, continúa funcionando como una tradición cultural y familiar además de religiosa.
Dos advocaciones, una tradición mariana
En el calendario religioso dominicano, el 21 de enero, dedicado a Nuestra Señora de la Altagracia, y el 24 de septiembre, dedicado a Nuestra Señora de Las Mercedes, constituyen dos de las fechas marianas de mayor arraigo popular.
Mientras Higüey concentra la gran devoción altagraciana, La Vega tiene en el Santo Cerro uno de sus principales símbolos religiosos.
Ambas celebraciones forman parte de una tradición que ha acompañado al pueblo dominicano desde distintas etapas de su historia.
Por eso, cada 24 de septiembre, cuando vuelven a escucharse las campanas y los caminos hacia La Vega comienzan a llenarse de peregrinos, no se trata únicamente de una festividad religiosa.
Es también una escena repetida durante generaciones: la de un pueblo que vuelve a un lugar cargado de memoria para reencontrarse con sus creencias, sus familias y una parte de su propia historia.
En la cima del Santo Cerro, entre oraciones, promesas y silencios, la tradición continúa.
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