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Santiago Matías y el desafío de convertir la irreverencia en credibilidad política

David Ruiz | GenteRD

Redacción RD NoticiaMartes, 25 de agosto de 2026 · 4 min de lectura
Santiago Matias -David Ruiz
Santiago Matias -David Ruiz

La aspiración presidencial de Santiago Matías y su intención de construir una estructura política propia colocan sobre la mesa una pregunta que va mucho más allá de si tiene seguidores, alcance en redes sociales o capacidad para generar conversación: ¿está preparado para convertir esa influencia digital en una propuesta política capaz de convencer a una mayoría del electorado dominicano?

Ese es, precisamente, uno de los puntos que considero que Matías debe aclarar ante la población si realmente pretende que sus aspiraciones sean tomadas con seriedad y credibilidad.

En una conversación comentada en GenteRD, planteé una inquietud que considero fundamental: “Nosotros no sabemos en qué estamos parados con los foques, porque no sabemos si estamos siendo parte de un reality show para sacar views en redes o si estamos siendo parte de un experimento social de esos que muy bien funcionan para YouTube”.

La expresión puede parecer dura, pero responde a una realidad: la política no puede sostenerse únicamente sobre la lógica del contenido viral.

Santiago Matías ha demostrado que sabe comunicar, provocar reacciones y construir una audiencia. Ese capital de comunicación es innegable. Sin embargo, una candidatura presidencial exige algo diferente: un discurso consistente, un lenguaje adecuado al escenario político, una estructura territorial, propuestas concretas y, sobre todo, credibilidad.

De los views a los votos

El gran reto de Matías es demostrar que su proyecto va más allá de las redes sociales.

Una cosa es tener millones de reproducciones, generar tendencias y mantener una conversación permanente en internet; otra muy distinta es convencer al ciudadano que debe depositar su voto en una urna.

Por eso considero que debe producirse una transformación en el lenguaje y en el discurso.

No se trata de que Santiago Matías deje de ser quien es. Su personalidad disruptiva es precisamente parte de la conexión que ha construido con un segmento importante de la sociedad. El desafío está en saber cuándo hablarle a su audiencia digital y cuándo hablarle a una nación que espera soluciones para problemas concretos.

La política dominicana tiene suficientes ejemplos de cómo una frase, una expresión o un video pueden ser utilizados para construir una narrativa electoral en contra de un candidato.

La historia política también deja lecciones

En el comentario hice referencia a Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, dos figuras fundamentales de la política dominicana, para recordar que las campañas electorales pueden estar marcadas por narrativas capaces de modificar la percepción pública de un candidato.

En el caso de Bosch, durante la campaña electoral de 1990 circularon cuestionamientos sobre sus creencias religiosas que fueron utilizados políticamente.

Peña Gómez, por su parte, enfrentó campañas y ataques políticos durante sus aspiraciones presidenciales, en un contexto electoral altamente polarizado.

El punto no es comparar sus trayectorias con la de Santiago Matías. El punto es advertir que la política tiene consecuencias distintas a las de una plataforma digital.

Lo que hoy puede convertirse en un contenido viral y generar miles de comentarios, mañana puede ser utilizado como argumento para cuestionar la madurez, el carácter o la capacidad de un candidato presidencial.

El lenguaje también comunica

Aquí está, a mi juicio, uno de los principales obstáculos que Matías debe superar.

No es verdad que una candidatura presidencial pueda construirse permanentemente sobre insultos, confrontaciones y expresiones que funcionan perfectamente en determinados espacios de entretenimiento digital.

Decirle a todo el mundo cualquier cosa que salga de la boca puede generar audiencia, pero no necesariamente genera confianza electoral.

Y esa diferencia es fundamental.

Si Santiago Matías quiere convertirse en candidato presidencial, tendrá que entender que ya no se trata solamente de entretener, provocar o responder. Se trata de convencer.

Tendrá que explicar qué piensa sobre la seguridad ciudadana, la educación, el empleo, la salud, la economía, la institucionalidad, el costo de vida y tantos otros temas que afectan diariamente a los dominicanos.

¿Outsider o experimento social?

Hay otra posibilidad que tampoco podemos descartar.

¿Estamos ante el surgimiento de un verdadero proyecto político outsider o frente a un experimento social de enormes proporciones?

Esa pregunta seguirá sobre la mesa hasta que Matías defina con claridad qué quiere construir.

Si realmente pretende formar un partido político y competir por la Presidencia de la República, entonces tendrá que asumir las responsabilidades que implica esa decisión.

La irreverencia puede abrir la puerta, pero no necesariamente garantiza la llegada.

Para llegar al Palacio Nacional se necesita mucho más que una comunidad digital. Se necesita organización, propuestas, liderazgo, alianzas, disciplina y capacidad para generar confianza en sectores que quizás hoy no forman parte de su audiencia.

Santiago Matías tiene algo que muchos políticos tradicionales desearían tener: una audiencia que lo escucha.

Ahora tiene que demostrar que puede convertir esa audiencia en ciudadanía movilizada, organizada y convencida de que existe un proyecto de país detrás de la figura pública.

Porque, al final, la República Dominicana no elige presidentes por cantidad de views. Los elige por votos.

Y si la candidatura es real, ya llegó el momento de dejar claro si estamos frente a un fenómeno político emergente o simplemente ante el contenido más grande que Santiago Matías haya producido.

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